La foto de mi pasaporte


Un pasaporte debería ser signo de orgullo. La cara que en él presentamos es la cara que damos de nuestro país.

Todos los pasaportes que hemos tramitado, aunque evidentemente implican un viaje (o cuando menos un plan de ello), tienen un significado diferente.

Incluso el periodo que elegimos para su vigencia tiene un significado ligado con nuestra expectativa de viajar: uno, cinco, diez años…

Bien lo saben quienes lo obtuvieron por primera vez a fin de visitar algún familiar ex patriado enfermo o en una condición difícil.

Esa situación no tiene nada que ver con la de quien logra un viaje como premio académico o quien resultado de su trabajo, reunió unos billetitos que le permiten asomar la nariz fuera de nuestras fronteras.

Para algunos la ilusión es llenarlo lo más posibles de sellos. Para otro será un documento con un par de sellos en donde principalmente se imprime una esperanza que tal vez se quede estancada en un cajón.

La vida de muchas personas podría estar contada en parte por nuestros pasaportes: cuántas veces los hemos tramitado, a partir de qué edad, en qué países han sido sellados, rechazados e incluso mal mirados.

La sensación de presentarlo ante algún agente migratorio a nuestra llegada a otro país es única, pues lo deseemos o no, el águila que lleva al frente genera una reacción propia… porque así es México… uno de esos países al que no se puede ser indiferente.

Usarlo para el ingreso a México también tiene lo suyo. Es una rara mezcla de nostalgia por el término de un viaje, lo que sea que éste haya significado. Y es que hasta las vacaciones cansan y siempre es necesario que el corazón regrese a la nación que llamamos casa.

Las salas para tramitar el pasaporte prohíben el uso del celular. Por ello, este texto se basa en un manoescrito elaborado en la oficina de expedición de pasaportes de la delegación Álvaro Obregón de la Ciudad del Absurdo… misma Ciudad en la que hace unos meses una mujer bien vestida en un restaurante fresa sustrajo a mis espaldas y sin alertar a mis acompañantes, mi cartera… con todo y pasaporte…

En una época en la que estamos acostumbrados a una simbiosis digital, la espera “a solas” se convierte casí en un hecho poético: gente esperando sin mirar una pantalla… haciendo solo eso: esperar.

Por cierto, escribir a mano es un arte; no solo por el movimiento de la muñeca en sí, sino por lo que implica hilar deas de forma congruente, sin una tecla que te permita borrar o un cursor que te lleve de un lado a otro para agregar u ordenar el texto… por ello, me disculpo por los errores que este manuscrito digitalizado pudiera tener…

Pilón

¿Qué cómo salió la foto de mi pasaporte? ¡Pésima! Avergonzante. Ojos rojos de desmañanada y sin la menor alerta de cuándo el obturador digital captaría la imagen que mi documento llevará los próximos diez años… así como mis esperanzas de viajar.

 

Quien se pica, ajos come.


En esta etapa de mi vida comprendí que para tener una mejor salud física (y una mejor figura), debía picar tan seguido como me fuera posible.

Por eso, a diario procuro picar… picar pepino, picar piña, picar chayotes, picar calabaza y todo aquello fresco y nutritivo que esté a mi alcance.

Y a partir de esta rutina de picar, resultó una seria reflexión de vida.

Sin falsas modestias, ayer hice una sopa de lima limón que me quedó buenísima. Los ingredientes fueron laurel, un diente de ajo, media cebolla, un Sophia Huettjitomate, caldo de pollo, tortilla de nopal en tiras y limón eureka a falta de limas.

¿Lo bueno? Comí muy rico. ¿Lo malo? Olía a ajo por todos lados: en la casa, en el carro, en la oficina, en el elevador… bueno, hasta antes de dormirme…

Y entonces entendí: el aroma no estaba en el ambiente… ¡Estaba en mis dedos!

Con la simpleza y peculiar lucidez que te dan los sueños, pude darle significado a muchas cosas que veo a mi alrededor. Si crees que vives en un mundo conflictivo, en el que tienes problemas con tu vecino, con los compañeros de trabajo e incluso con tu propia familia, es momento de tomarse un minuto para hacer un análisis.

Podría ser que en una de esas, el conflicto seas tú misma o tú mismo y que todo eso se proyecte en la forma en la que construyes tus relaciones con las demás personas.

Es como el olor a ajo. No estaba en cualquier lado, estaba en mis dedos, y no importaría cuánto aromatizante echara o cuánto ventilara… no desaparecería hasta que tallara mis deditos con un limón.

Y así es la vida. Si queremos (aunque pareciera mentira no todos quieren) vivir en un entorno sano y libre de conflicto, debemos iniciar con querernos y reconciliarnos con nosotras mismas.

De nada servirá quejarnos y hacernos las mártires, ni cuántas personas pasen por nuestra vida… siempre será lo mismo. Estaremos repitiendo patrones de comportamiento dañinos y destructivos que además de afectar nuestra salud, alejarán a las buenas personas de nuestras vidas…

Y en cuanto a mí… la próxima vez que crea que el mundo apesta, iniciaré por olerme las manos… porque no vaya siendo que tras ladrarme los perros y por querer agarrar una piedra, me hubiera embarrado los dedos… 

Help! Estoy angustiada


No sé si se siente en el estómago, en el corazón o en la tripa que está a la mitad de mi cuerpo.

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El caso es que ahí está. A veces me da por todo y a veces no me da, a pesar de todo.

¿Qué me angustia? El día, el futuro, los pequeños detalles, los grandes proyectos, las decisiones.

A diferencia de la preocupación (que esa me da ocupación), la angustia surge sobre temas en los que tengo el control bastante limitado y que van desde lo más simple hasta lo más serio… el tráfico, el dólar… por irme al cielo cuando muera… porque si lo que me acabo de tragar me engordará…  (estoy convencida de que la angustia engorda más)… por todos los animales del mundo que son abandonados… por ver a alguien empacarse kilos de colesterol sin ninguna preocupación… por las madres adolescentes…

Y entonces tomo un minuto… ¿cuál es la función de la angustia? No es un mecanismo de defensa ni de acción o motivación, porque te angustias de aquello sobre lo que no puedes hacer mucho. No es como el miedo, que te hace reaccionar ante situaciones de peligro (claro, si no te atrofias), tampoco es como el enojo o la ira.

En realidad, la angustia sólo hace que te duela la panza.

Es esa sensación que vives cuando ves una película y te preocupas por lo que vive la o el protagonisto.. que si le van a romper el corazón… que si ya le robaron el dinero que tenía para la operación de su papá… que si se le fue el camión con el amor de su vida… que si morirá en la batalla… que si se lo comerá el monstruo… y ninguno de esos es claramente problema nuestro.

En el fútbol ya medio entendí qué hacer con la angustia… cambiarle en el momento de mayor estrés para ya solo enterarme de cuál fue el resultado… si traigo un cúmulo de emociones colaterales, angustiarme por si la pelota entrará o no es de a gratis… y estaré incluso pensando si con mi angustia no estoy “salando” a mi equipo favorito (aunque por el contrario, en la última final que jugó el León, no estuve presente; entonces igual y soy su amuleto de la suerte aunque ellos no lo sepan)

Y bueno… escribo todo esto como un escape a mi angustia… mi angustia… aunque la verdad es que ya no me acuerdo muy bien por qué estaba angustiada…

El Caminante


Con ojos de franco desvelo, una amiga me contó su peripecia nocturna… Y no, no tenía que ver con temas amorosos… o cuando menos no con esa clase de amor en la que están pensando…

La noche anterior llegó a su departamento en la Colonia del Valle, ubicada en el corazón de la Ciudad de México. Muy a su estilo, se quedó echando chisme con una vecina en la puerta de su edificio cuando un señor que caminaba con prisa y hablaba con un acento que no era de la zona, le preguntó para dónde quedaba Tacubaya (a más de 5 kilómetros del punto).

A mi amiga le extrañó la pregunta de este hombre cuya edad era difícil de adivinar, e investigó. La respuesta la dejó aún más desconcertada: el hombre quería llegar allá porque según le habían dicho, desde ahí era más fácil seguir a pie el camino que marca la carretera hacia su pueblo… ubicado en Oaxaca…

Sin entender bien las instrucciones, sin pedir dinero o un vaso de agua que aliviara su evidente deshidratación, El Caminante dio las gracias y comenzó a caminar en sentido inverso. Mi amiga supo que no lo podía dejar ir así y entonces se enteró de toda la historia.

Llegó dos días antes a la Terminal de Autobuses Tapo con tan solo una mochila con una chamarra, el dinero justo para el regreso y un papel en el que tenía escrita la dirección de la casa donde su hermana hacía la limpieza desde hacía varios años, ubicada en el Pedregal. Por la falta de teléfono en su comunidad, ella no sabía que su padre agonizaba y que pidió verla.

Tardó más en bajarse del autobús que en ser asaltado. Lo dejaron prácticamente sin nada…

Desanimado, pero con una misión muy clara, decidió ir al Pedregal a buscar a su hermana. Al preguntar cómo llegar (a pie), tuvo la suerte de toparse con alguien que al verlo tan desorientado, prefirió pagarle el taxi para que lo llevaran.

Al llegar al Pedregal, el hombre se quedó asombrado: eran demasiadas casas y muy pocas personas que le dieran informes. Tocó muchas puertas, pero la mayoría no abrieron y en otras más fue rechazado. Una chica que trabajaba haciendo la limpieza, le explicó lo difícil de su misión si no contaba con algún dato que le permitiera ubicar a su hermana.

Cansado y sin dejar de pensar en su padre, decidió empezar el camino de vuelta a casa… a pie.

Fue entonces cuando se topó a mi amiga, quien con un comprensible temor de que le estuvieran viendo la cara, decidió hacer lo más que pudo por él.

Agua, comida y unos tenis nuevos que a nadie le habían quedado en la navidad pasada, hicieron la diferencia. El hombre estaba más que agradecido, pero la ayuda no paró ahí.

Mi amiga sabía que si le daba dinero, era muy probable que la inocencia de El Caminante fuera aprovechada nuevamente por algún otro ladrón. Así que decidió invertirle algo más: su tiempo.

Le armó una bolsa con alimentos, lo subió a su camioneta, lo llevó a la central de autobuses, le compró su boleto de regreso, le dio dinero para el camión que debía tomar llegando a Oaxaca, le dio su bendición y casi lo subió hasta su asiento.

Durante su camino de regreso, El Caminante estaba convencido de haberse topado con un ángel.

¿Sabrán aquellos muchachos que lo despojaron de su mochila lo que significó su fechoría de la tarde? ¿En qué se habrán gastado los 700 pesos robados? ¿Para qué les sirvió el papelito con la dirección de la casa del Pedregal?

Casos como este, en diferentes dimensiones y espacios se repiten a diario en México. Ancianos defraudados que pierden los ahorros de toda su vida, profesores que son secuestrados, familias luchonas que son extorsionadas por haraganes, políticos que despilfarran en banalidades los recursos públicos destinados a programas sociales, partidos políticos que postulan a delincuentes con tal de ganar la elección… la lista es interminable.

Esto es lo que nos pasa.

Aunque las y los buenos somos más, la indiferencia , la insensibilidad

y el egoísmo van ganando terreno día a día…

 

 

Origen: El Caminante

Matar lo que “se ama”


Hay quien asegura que una de las diferencias del hombre con las demás especies, es que somos la única especie que maltrata a su hembra.

La primera vez que escuché con oídos y comprensión sobre el feminicidio fue hace diez años. Hasta ese entonces para mí era un término de prensa y totalmente feminista para mencionar un homicidio y causar revuelo.

En esa época trabajaba en para un medio de comunicación y un caso me llamó tanto la atención que hice las veces de reportera y realicé algunas entrevistas para tratar de entenderlo más allá de la nota roja.

La víctima llevaba por nombre Rosella Angélica María Lozornio; por sí misma tenía una historia familiar trágica cuya narración sería material de otro escrito.

Falleció en el mes de abril de 2005 en León, Guanajuato, luego de que su esposo Felipe la lesionara en 58 ocasiones con un picahielo y un cuchillo.

Fue una de esas 58 heridas la que le partió el corazón y provocó su muerte.

Rossella era entonces madre de dos niñas, de nueve y once años de edad. Tenía 27 años y vendía Nextel para mantener a sus hijas. Su marido, era bastante comodino en el aspecto económico, pero bastante activo a la hora de maltratarla.

La mejor amiga de Rossella era Anita. A ella le confió que estaba harta y buscaba separarse.

Aquella tarde de abril Rosella y Felipe comenzaron a discutir; para que las niñas no escucharan, ella las llevó a otra habitación. Las paredes no sirvieron: las niñas vieron como su padre comenzó a golpear y acuchillar a su mamá.

Desesperadas llamaron a Anita, quien por infortunios de la vida, no contestó el celular. En su buzón de voz quedaron registrados los gritos de la mujer mientras era asesinada.

Tras el homicidio, Felipe limpió todo, tomó a sus hijas y se fue a refugiar a casa de su mamá. Fueron los mensajes de voz en el celular de Anita piezas claves para acudir con fundamentos ante la autoridad.

Rosella fue encontrada sin vida en un pasillo, mientras Felipe argumentó que las 58 heridas que le hizo a su esposa fueron en defensa propia.

Un caso más reciente fue el de la nieta de Cantinflas, Marisa Ivanova, quien sufrió una golpiza por parte de su marido, ambos muy jóvenes. Entre otros daños, tiene de más de 200 fracturas tan solo en la zona del rostro. Sus amigos la encontraron boca arriba en un charco de sangre en el cuarto de servicio de su casa, donde el agresor la ocultó tras creerla muerta.

Aunado con lo que a diario vemos en la prensa y con los antecedentes que hay en todos los casos que derivan en el asesinato de una mujer, es como podemos entender lo grave que es el feminicidio: es un asesinato lento y a la vista de todos, familiares, vecinos y autoridades incluidos.

Ocurre ahí, donde las personas deberían de sentirse más seguras: el hogar. Y frecuentemente ante los ojos de quienes tenemos la obligación de preservar su inocencia: los hijos.

Peor aún, ocurre a pesar de que la víctima ya advirtió y pidió ayuda de una forma u otra.

Los feminicidios son los asesinatos más crueles que cualquiera de los que pudiéramos pensar que se presentan alrededor del narcotráfico.

En ambos casos se hace presente lo peor de la condición humana; la diferencia es que en el feminicidio se mata a quien en teoría se ama y se hace de las formas más crueles: molidas a golpes, a cuchilladas o utilizando inverosímiles objetos punzo cortantes.

Son métodos que harían palidecer a muchos homicidios relativos a la delincuencia organizada.

Basta con buscar en google el término “mujer asesinada” para encontrar títulos como “mata esposa a cuchilladas”, “la mata esposo a puñaladas”, “mujer asesinada a machetazos por su esposo”…

He ahí lo grave del feminicidio… pasa ante la vista de todos y de nadie… es responsabilidad de todos y de nadie…

Para destruir el equilibrio, hay que destruirlas a ellas y a sus familias. Cuando se ataca a una mujer, se desestabiliza a todo su entorno. – Caddy Adzuba

Origen: Matar lo que “se ama”

35 formas menos “nice” de protestar.


 

En la televisión, en el Facebook o en las pláticas de café, escuchamos y leemos a diario personas indignadas por la violencia, por el gobierno, por el narcotráfico, por el presidente, por los partidos, por la inseguridad.

Para todas ellas, he aquí una lista de 35 maneras menos “nice”, pero más efectivas de protestar:

1. No consumas marihuana. Está manchada de sangre de narcotraficantes y de buenos policías, soldados y gente inocente.
2. No consumas cocaína. También está manchada de sangre.
3. No compres discos piratas. Son la vía alterna para financiar actividades delictivas.
4. No te la vivas nadando de muertito, esperando que llegue la quincena.
5. Ten la mínima atención de voltear a ver a los ojos a la niña o al niño que te pide una moneda en el semáforo. Que tu indiferencia no los insensibilice de la condición humana.
6. Paga lo justo a quien te apoya en las labores domésticas y ayúdale a tener una mejor calidad de vida.
7. No seas esnobista. No abras las puertas de tu hogar a quien, inexplicablemente, se hizo rico de la noche a la mañana.
8. Enseña a los niños y niñas, con tus actos, la diferencia entre hacer lo correcto y hacer trampa.
9. Inculca en tus hijos el amor a México. No todo en la vida es Disneylandia.
10. Forma hijos sensibles. Si tienes la oportunidad de brindarle todo lo que necesitan, no los despojes de la solidaridad con los menos afortunados.
11. No tires basura en la calle y cuida las plantas.
12. No tomes el dinero que no es tuyo, bajo ningún esquema y con ninguna justificación. Ten un modo honesto de vivir.
13. Si conduces un vehículo, respeta el paso peatonal y cédeles el paso.
14. Si eres peatón, utiliza el puente peatonal y cruza por las esquinas.
15. No maltrates a los animales y date la oportunidad de adoptar.
16. Cumple lo que prometes.
17. Aunque “no tengas tiempo”, brinda ayuda a tus vecinos y familiares en edad mayor.
18. Deja de pensar en las mil y un maneras en que el gobierno te miente: erradica las mentiras de tu propia vida y mejor aún, las que te dices a ti mism@.
19. Participa en actividades de ayuda social, principalmente orientadas a la niñez. Ellos son los futuros talentos de México… o los posibles delincuentes.
20. No juzgues a las personas por su aspecto o condición social.
21. Deja de justificarte diciendo que la autoridad no hace nada y denuncia.
22. Respeta al policía y cuando haya razones para no hacerlo, denúncialo.
23. No generes, promuevas o difundas mensajes de odio.
24. Infórmate y forma un criterio que te permita distinguir las fuentes serias de las manipulaciones.
25. No compres cosas robadas, ni aquellas que tengan un precio sospechosamente menor al comercial.
26. Razona y analiza tu voto. La sonrisa y la foto no garantiza elegir a un buen administrador público.
27. No practiques el deporte del quejosismo y sospechosismo pasivo.
28. Cuando te topes con alguien con problemas, reflexiona si son también los tuyos.
29. Practica y aumenta tu espiritualidad.
30. Ejerce la honestidad: en casa, en el trabajo, en la calle… a solas.
31. Destina, aunque sea en un dígito, un porcentaje de tu sueldo a causas sociales.
32. Por ningún motivo, justifiques la violencia.
33. No desacredites el trabajo de los demás. Puede que tú seas mucho más capaz, pero les debes respeto.
34. No pierdas tu capacidad de asombro… y tampoco de indignación.
35. Pasa de la indignación a la real y verdadera acción.

Y si, nos faltan 43.
Pero también faltan miles de jóvenes, muertos y desaparecidos a manos de otros y otras jóvenes en los últimos años.
Y no, no es culpa total del Estado. Es culpa de la sociedad indolente que no sabe elegir a sus gobernantes y de quienes en su papel de padres, maestros, hermanos y seres humanos, hemos fallado.

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Ah… pero sigan votando a lo guey…


Este trimestre decidí tomar la materia de finanzas en la Maestría en Gestión Pública Aplicada. ¿Mi tema semanal? Ley de Coordinación Fiscal… Uff… fórmulas y variables para poder calcular los montos para las transferencias a los gobiernos municipales, las potestades recaudatorias y las sugerencias para mejorar la recaudación de los gobiernos locales… Oh si, tan complicado como se escucha.Ley de Coordinación Fiscal

Y fiel a mi costumbre de tener varias ventanas a la vez, tenía la del Facebook abierta, je… Y entonces aparecieron fotografías de los registros a la campaña interna de diversos partidos políticos para buscar las alcaldías…

Y con toda sinceridad, no puede evitar molestarme.

¿Por qué? Porque sus perfiles son exactamente lo que como ciudadanos tradicionalmente hemos tenido como políticos: bonitas sonrisas, camisitas planchadas y hasta bordadas con su nombre, actitud “soy cercano a la gente”, etc. Pero de administradores públicos, naaaaaaaaada (conozco sus trayectorias).

Y es que ser presidente municipal, gobernador, presidente de la República es, desde el punto de vista más estricto, un tema de administración pública, no de sonrisitas y abrazos de la gente.

Los partidos políticos a la hora de postular buscan a quién es más popular, quién “trae más gente”, “quién trae más lana”… pero pocas veces se interesan en saber quiénes son las y los más preparados, quién cuenta con la experiencia necesaria, quién tiene un historial limpio. foto

Los partidos como quiera… ¿y uno como votante? ¿Cómo decidimos? La gran mayoría de las veces, “a lo guey”. Por la fotito, por el evento, por la publicidad…. y nomás.

¿Las consecuencias?

Ahí está el tema del Alcalde de Iguala. Y no hablemos de prestación de servicios o de la obra pública (mínimo suficiente con lo que cumplen los municipios). Hablemos de algo más grave.

La tradicional manifestación de estudiantes de una escuela normal rebasó su tolerancia y “presuntamente” solicitó ayuda a sus “amigos”, de no muy buenas referencias y aparentemente sin escrúpulos. Así, hay 43 estudiantes desaparecidos. Algunos dicen que fueron desollados, otros quemados y muchas otras cosas más que no vale la pena mencionar.

Corte a: PRD disculpándose por haberlo postulado, así como a otros partidos políticos indicando que buscarán certificar a los ciudadanos.

Bajándole una rayita al tema, no es que lo más común sea que elijamos a narcopresidentes, pero si a ignorantes sobre la administración pública. Quien no tenga conocimientos en el tema, no tendrá idea de cómo funciona una policía municipal y podría dar pie a que se corrompa (o a que mantenga esa inercia), lo mismo en el tema de salud que en el de servicios.

Seguramente aquel que sale bien en la foto pero que no cuenta con conocimientos, no tendrá idea de cómo el personal de su administración deberá sacar la cuenta para la transferencia de recursos y lo más seguro es que dejen pasar la oportunidad de participar en subsidios y diversos programas que beneficiarían a la gente.

No haré un llamado a los que tienen aspiraciones políticas que se preparen…. andan muy ocupados en las fotos y posteando “me reuní, platiqué, estuve”… Pero si les quiero recordar que ser presidente municipal es un acto de gran responsabilidad.

En el México actual, en donde la descomposición social (responsabilidad de TODOS) es una constante, ser un Presidente Municipal poco preparado implica cargar en la conciencia algo más que la falta de trabajo. Hoy implica la vida y seguridad de muchas personas.

Para ingresar y mantener mi trabajo, independientemente de mi “talento” y desempeño, debo someterme periódicamente a exámenes antidoping, psicológicos, de conocimiento, así como rendir cuentas de mi patrimonio (en congruencia con mi salario).

No sería mala idea que a los políticos se les hicieran exámenes de control de confianza, antes de que su sonrisita los lleve siquiera a aspirar a un cargo.